Antecedentes

 

El arroz se cultivaba antiguamente en Colombia y para el caso del proyecto en el departamento de Santander en zonas de montaña hace 60 años. Santander es uno de los 32 departamentos de Colombia, ubicado en el nororiente en la cordillera oriental de los andes. En esa época la tradición era: "el terreno se preparaba como un huerto con el yugo de los bueyes – tracción animal- dejando el suelo suelto, al comienzo de la temporada de lluvias se sembraba y solo se esperaba la cosecha" (dicho por la Asociación de mujeres de tradición y progreso, 2018, Guadalupe, departamento de Santander).

La tradición era conservar el grano para autoconsumo y guardar la semilla para la próxima siembra. Esta práctica de sembrar arroz para auto consumo en regiones de montaña como Guadalupe y Guapota en Santander, se perdió con el tiempo y la llegada dela revolución verde y hoy en día las familias de las zonas rurales del país compran el arroz para el consumo. Este cereal está catalogado como la principal fuente de alimento en las familias colombianas y en especial las familias rurales donde su consumo per cápita es de 46 Kg/año.(Fedearroz-Dane 2017, Censo Nacional Arrocero.)

EL arroz en la actualidad es cultivado en áreas extensas y totalmente mecanizado y con un paquete tecnológico de agro insumos como fertilizantes químicos y agro tóxicos con un costo energético y ambiental muy alto (Pretty 1999). Además, el negocio del arroz en el caso colombiano está en manos de dos empresas que son los que manejan el monopolio del mercado colombiano.

El cultivo de arroz en pequeñas áreas en zonas de ladera y zonas altas de Colombia hace más de 50 años era parte de la agricultura familiar y la propuesta es recuperar las tradiciones y costumbres de conservar el grano para autoconsumo y guardar la semilla para próxima siembra y así el  arroz en su cultivo y su proceso seguirá siendo parte fundamental de los sistemas productivos generando soberanía alimentaria asegurando la presencia del arroz, parte fundamental de la dieta de las familias campesinas colombianas.

En nuestro andar con las comunidades y en este caso instalando 20 biodigestores a familias pertenecientes al El Comun[1] en Málaga Santander en el 2018, encontramos y convivimos con un grupo de vecinos mayores donde experimentamos la cosecha del trigo, trillándolo y trabajando a “mano vuelta”, ellos muy sabiamente comentaron: ¨como  estábamos al frente de la última generación que no estudio y a la vez la última generación que siembra, en este caso: el trigo y la última generación que trabaja el campo porque la tecnología y la educación han sido causantes de la difícil situación en la que se encuentra el campo hoy¨. ¨Ellos afirmaron que ya sus hijos viven en la ciudad y poco o nada les interesa el campo. Ellos lucharon para que se hicieran profesionales, pero los perdieron¨. De esta fuerte experiencia nace nuestra idea de incluir el rescate del trigo junto con el arroz en nuestra propuesta integral de trabajo, en el estilo de vida que practicamos y promovemos como personas, como profesionales y como fundación en la comunidad y organizaciones de nuestra red de trabajo. El arroz desde hace años lo teníamos en la lista de espera por las vivencias en el sur este asiático donde se originó la fundación UTA, que hicieron que siempre nos cuestionáramos y planteáramos la posibilidad de tener el cultivo de arroz en el sistema productivo y esto se ratificó en el caminar y trabajo con organizaciones que contaban que esto había sido tradición en sus comunidades y regiones.

En el departamento de Boyacá, donde la Fundación UTA tiene vínculos también y conectando con todo lo mencionado anteriormente, empezamos a indagar y a retomar información y encontramos que hubo una tradición de cultivo y procesamiento de trigo donde hoy existen ruinas de molinos hidráulicos como el del camino Trinidad en Duitama (Plazas L, 2012) y otros en municipios como Nobsa que hace parte de los municipios que conforman la provincia de Sugamuxy. Desde el siglo IX  y XX los agricultores abastecían los mercados locales de trigo y en 1935 ya había aproximadamente 300 molinos hidráulicos para el proceso de molienda en el departamento de Boyacá. Hoy solo quedan 7 molinos en los municipios de Socha, Socotá, San Mateo y Topará. (El espectador González F, 5 de marzo de 2014). Esta antigua cultura del trigo con sus técnicas agrícolas, como también de procesos con la molienda y el procesamiento se han ido terminado.

 

En el municipio de Turmequé departamento de Boyacá, que pertenece a la provincia de Márquez, el trigo también era un cultivo muy importante para la región, se dice que hace aproximadamente 80 años, se cultivaba en toda la provincia, especialmente en áreas con fuertes pendientes. En ese entonces se promovía la labranza mínima utilizando bueyes para arar, tapar y trillar (en áreas donde el trigo era pisado por bueyes o caballos). El trigo se rotó con solo uno de los otros cultivos a la vez, como papas, guisantes, frijoles y maíz.. El trigo fue uno de los principales cultivos de importancia económica y la principal fuente de alimentos para las familias campesinas colombianas.

Sin embargo, en la actualidad, el trigo y el arroz siguen siendo la base de los alimentos, en las familias campesinas, y se consumen diariamente, comúnmente en más de dos preparaciones al día y también los subproductos de la trilla se utilizan como alimento para animales, principalmente las gallinas en el caso del trigo. La recuperación de los cultivos tradicionales del trigo en las provincias de Boyacá y del arroz en montaña para Santander con sus antiguos procesos tendrá un gran impacto en las familias vinculadas al proyecto y la región, rescatando antiguas tradiciones que conducen a un conocimiento claro de las prácticas culturales que se tejían alrededor de estos cultivos y sus usos. Además, la importancia de la construcción social y la contribución a un estilo de vida sostenible por estar directamente relacionados con las tecnologías apropiadas de energía sostenible y técnicas tradicionales de cultivos de alimentos y piensos para logar una soberanía energética y alimentaria, la conservación del suelo, contribuir a la mitigación del cambio climático en sistemas de producción agroecológicos integrados sostenibles. Dentro de las familias, las mujeres principalmente son las que tomarían este estilo de vida como parte de un nuevo trabajo principalmente con ideas de negocios, con productos de arroz y de trigo, involucrando también a los jóvenes, generando espacios de reflexión y dando un valor agregado principalmente a los productos hechos con energía renovable que bien pueden ser parte importantes para la economía de las familias.

 

Este proyecto es una alternativa a la situación mundial donde el 91% de 1500 millones de hectáreas se siembran en monocultivo de trigo, arroz y maíz[2], principalmente con fertilizantes químicos y agroquímicos que exigen un alto nivel de insumos energéticos. Estos tres cultivos son la base de más de un tercio de los alimentos energéticos humanos del mundo. Con la pérdida de trigo en Boyacá y el arroz de montaña en Santander, se redujo la capacidad de rotación agrícola, la diversidad de productos de la finca, el proceso de alimentos, el uso de subproductos como la paja para la fabricación de materiales de construcción (ladrillos y paredes), artesanías, entre otros, se ha perdido la oportunidad de ser soberanos en alimentos costumbres y cultura. Con el proyecto retomamos la tradición de tener en la mesa pan de trigo producido en la finca o arroz de la finca con procesos energéticos limpios que mitigan la contaminación y promueven estilos de vida sostenibles en las familias del proyecto.

 

El proyecto se llevara a cabo en el caso del arroz en el departamento de Santander, departamento dividido en provincias, trabajaremos en la Provincia Comunera a la que pertenece a los municipios de Guadalupe y Guapota. En el caso del trigo trabajaremos en la provincia de García Rovira a la que pertenecen los municipios de Málaga y San José de Miranda y para el departamento de Boyacá la Provincia de Márquez a la que pertenece el municipio de Turmequé y la Provincia de Sugamuxy a la que pertenecen los municipio de Nobsa. Todas estas regiones son de tradición rural y agricultura familiar, donde hay presencia de las organizaciones que trabajan en red con la Fundación UTA ya allí se recuperarán los conocimientos ancestrales y la cultura de arroz y trigo, enfatizando el trabajo con equidad de género y generacional (participación activa de los jóvenes) y utilizando una cesta de tecnologías apropiadas con el principio de "¡solo la tecnología correcta!

 

[1] El Comun:Asociacion de asociaciones campesinas y populares de Colombia. Sede principal Santander. Conformado por 22 organizaciones principalmente de mujeres.

[2] Altieri, M.A. 1995. Agroecology: the science of sustentable agricultura. Westview Press, Boulder

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